Nagorno Karabagh
Conocido como Artsak, país de árboles, el territorio de Nagorno Karabagh funciona como republica independiente tras la guerra con Azerbaiján pero no ha sido aun reconocida oficialmente por ningún país. Aun poseyendo todas las instituciones necesarias para el gobierno, la ayuda de Armenia se hace indispensable para el día a día de esta pequeña parte del Caucaso. El hecho que además aún no exista un acuerdo de paz con Azerbaiján hace que la población de la zona viva en un estado de permanente abstracción donde no se sabe a ciencia cierta que pasara en el futuro.
Entrar en Nagorno Karabagh desde Armenia no debe suponer ningún problema para el turista extranjero. La visa se obtiene igualmente por un periodo de 21 días y un precio de 25 dólares.
En la ruta hacia la capital, Stepanakert, vale la pena pararse a visitar la catedral de Ghazanchetsots, en la ciudad de Shushi, sede del Pargev Srbasan, patriarca de la iglesia de Karabagh y segundo en la jerarquía de la iglesia Armenia tras el Katholicós de Ejmiatsin. Al igual que el resto de iglesias de Karabagh, la catedral estuvo cerrada durante la guerra y sirvió de refugio y de almacén entre otras cosas, ya que durante los bombardeos que asolaron la ciudad los edificios religiosos no fueron atacados.
Actualmente, parte de los edificios están destruidos por los bombardeos, otros están en fase de lenta reconstrucción o simplemente están abandonados. Los que están ocupados lo hacen exclusivamente por armenios, ya que toda la población azerí emigro del país tras el estallido del conflicto. Siguiendo la carretera llegamos a Stepanakert, capital del Karabagh, anteriormente denominada Khankendi. Al visitar la ciudad uno no tiene constancia de que una guerra hubiera pasado por allí pocos años atrás pues todo ha sido reconstruido y arreglado. Con una población actual de unos 50.000 habitantes, Stepanakert intenta incorporarse a toda prisa a los proyectos de modernización y desarrollo incitando a toda la población joven a quedarse en la ciudad o a instalarse en ella desde los pueblos periféricos.
Hacia el norte del país
Girando ahora hacia el norte, las tres provincias de esta parte de Armenia, Shirak, Lori y Tavush son realmente diferentes entre si. Mientras Shirak es casi una alta planicie, Lori se caracteriza por sus profundos barrancos y Tavush se encuentra recubierta extensamente por densos bosques.
Gumri es la principal ciudad del Noroeste del país, y el centro administrativo de Shirak. El 7 de Diciembre de 1988, alrededor del 60% de los edificios de la ciudad fueron destruidos por un terremoto de 6.9 grados en la escala Richter cuyo epicentro se situó a 30km al este en el pueblo de Spitak donde absolutamente todos los edificios quedaron destruidos. En total, unas 25000 personas fallecieron en el terremoto y más de medio millón quedaron sin casa, provocando la catástrofe humanitaria más importante de la historia del país. Además, a parte del impacto causado por el terremoto, la consecuencia económica más directa fue el cierre de la planta nuclear de Metsamor por su vulnerabilidad a un posible segundo temblor de tierra. El cierre de esta planta, de largo la primera fuente de energía de Armenia, junto con el bloqueo de las fronteras con Turquía y Azerbaiján a consecuencia de la guerra, dejo a casi todos los armenios sin electricidad durante los inviernos de 1992 a 1995.
Unos kilómetros más al este, tras atravesar Spitak, llegamos a la ciudad de Vanadzor, capital de la provincia de Lori y situada sobre el río Debed a 1350 m sobre el nivel del mar. Anteriormente la tercera ciudad más grande de Armenia, también fue dañada por el terremoto en 1988 aunque no tanto como sus vecinas de Spitak y Gumri. Ahora, tras la caída en picado de la población en esta ultima, es la segunda ciudad en población del país.
Vanadzor es también conocida por ser haber sido un enorme complejo industrial en la era soviética. Estas instalaciones ahora abandonadas se pueden encontrar visites la ciudad que visites a lo largo del territorio armenio. Inicialmente concebidas para albergar entre 5000 y 7000 trabajadores, estas fábricas funcionaban a pleno ritmo durante la sovietización para proveer al mercado ruso de todo aquello necesario para mantener la economía de la URSS a flote. Tras la revolución, cientos de estas fábricas cerraron y sus trabajadores se vieron en el paro, provocando una de las mayores crisis del país. Los edificios, de estilo marcadamente soviético, actualmente se encuentran en estado de abandono a la espera de una privatización que tímidamente va llegando.



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